65 aniversario del Cine Avenida

Como parte de los esfuerzos ciudadanos para la protección y rescate del Cine Avenida, se organizó, atinadamente, la proyección callejera de la cinta Cinema Paradiso, evento que reunió a decenas de personas que participaron y firmaron la petición de apoyo para la protección y rescate del inmueble.

El edificio, inaugurado el 10 de octubre de 1947 fue diseñado por Xavier Vilchis Pliego quien en el folleto entregado durante su inauguración declaró “Espero que esta obra sea del completo agrado del culto público potosino ya que, repito, puse en ella todo mi esfuerzo y cariño…”. El edificio fue construído bajo la tutela de Josep Vilet Ribé con la añoranza se ser un “buque en el desierto”, en remembranza del buque que lo trajo a estas tierras mexicanas.

Debido a recientes fallos judiciales y planeación por parte de los actuales propietarios del inmueble, este y otros edificios de la ciudad de San Luis Potosí – incluido el edificio Ipiña – podrían ser demolidos para crear nuevos espacios habitacionales o comerciales. En respuesta a esta situación, un grupo de potosinos se ha dado a la tarea de crear un movimiento que tiene como objeto la protección y rescate de estos inmuebles, puedes visitar su página de Facebook y unirte a su causa por la salvaguarda del Patrimonio Histórico de San Luis haciendo click aquí.

65 ANIVERSARIO DE UN BUQUE VARADO EN EL DESIERTO: EL CINE AVENIDA

 

La obra arquitectónica del ingeniero Xavier Vilchis Pliego

El promotor dispuso el tema marítimo; no podía estar más alejada del mar, que trae al catalán José Vilet Ribé, la ciudad de San Luis Potosí. No obstante, hay algo de mar en la arquitectura barroca, la valva de concha es constante ya en los dinteles, ya en el remate de las hornacinas, de las jofainas y en el altar de San Miguel Arcángel. De las anclas, de ellas da cuenta la escultura del panteón de El Saucito; tienen tal forma que se las liga con la cruz cristiana y, a más del sentido de estabilidad que entrañan, se integran a los monumentos funerarios porque su significado sería: Cristo como el ancla de las almas que en Él creen.

Vilet Ribé trajo consigo el trasatlántico que le ancló al desierto potosino.
El Cine Avenida es la presencia en la deteriorada esquina de lo que resta en Carranza y calle Tomasa Estéves. Su construcción coincidió con la última etapa de la Segunda Guerra Mundial y de los trabajos de infraestructura para la nueva zona de la ciudad, realizados por el gobernador del estado Gonzalo N. Santos.

Para hacer arquitectura no es necesario ostentar el título de arquitecto y no todos los titulados cumplen con las expectativas estéticas, éticas, sociales, lógicas de la profesión y en pocas ocasiones llevan el ánimo del habitante a la plenitud; es necesario contar con una decisión sumada a la sensibilidad que surge del talento, del saber y del conocer. Xavier Vilchis Pliego no sólo ha evidenciado en sus creaciones la vocación plástica, ética y social sino la formación técnica del ingeniero que fue. Nos referimos a uno de los edificios mejor logrados en la ciudad de San Luis Potosí en los primeros cincuenta años del siglo XX. Este palacio dormido representa el concierto del sueño de varias generaciones de potosinos. Vilchis llegó a San Luis Potosí de la ciudad de México (1943), a solicitud de José Vilet Ribé, para construir el sueño hecho de mares que es el Cine Avenida.

El propósito de este ensayo es llevar a quien lo leyere a reflexionar acerca de nuestro más próximo patrimonio y de su salvaguarda.

Al primer acercamiento simbólico se aprecia la fluctuación de la tradición judeocristiana a la grecolatina que, a más de estar entreveradas, lo similar sucede en el particular del autor y el promotor. Uno español y el otro criollo, ambos con formación cristiana, empero, responden a las condiciones laicas de hombres conservadores en la medianía del siglo XX. Viven los sucesos del final de Segunda Guerra Mundial y la posguerra desde la perspectiva nacional y se dejan arrullar por el evasivo modelo cinematográfico, y más bien pagano-puritano, impuesto por Hollywood.

Fueron un par de soñadores que construyeron un buque para embarcarse en el inconcebible puerto del desierto potosino y surcar los mares de la ensoñación más pura que se vivió en los cuarenta. El escenográfico trasatlántico aún nos tiende un puente para abordarlo.

Inauguración

Si para José Vilet Ribé no hubo prórroga que le permitiera ver su sueño (murió el 07.08.1946), para su hijo José Vilet Brullet sí la hubo para concluirlo y entregarlo a la ciudadanía. Después de cuatro años de cuidadosa elaboración, fue inaugurado el viernes 10 de octubre (1947), ante la presencia del secretario de gobierno Ismael Salas en representación del gobernador Gonzalo N. Santos.

Las nuevas intenciones conllevan el prurito de lo incierto. Si es imposible no admitir el adelanto tecnológico que envuelve al cine en todas sus facetas, tampoco es posible dejar de advertir la nueva fórmula social que sus espacios propician al reunir a toda una gama social, de media a alta, que hasta entonces no se había encontrado. El cine representa el mayor poder de convocatoria social en el siglo XX.

Para brillo de la inauguración se contó con las llamadas embajadoras de la sociedad potosina: Silvia Meade, Alicia Rodríguez, Luz Torre, Martha Perogordo, Emma Meade Elorduy, Alicia Compeán, Luz García Maldonado y Martha López y Martín del Campo. Era un artilugio probado en otras salas y convertido en tradición, gracias a ello, las jóvenes más prominentes capturaban la atención no sólo para sí sino hacia el nuevo centro social. Al margen del suceso, en el programa participaron concertistas, cantantes, bailarines, Jorge el Che Reyes y el rioverdense Carlos Amador como maestro de ceremonias. Corrió la película “Juego de pasiones”, de la MGM, con Esther Williams y Van Johnson… Empero, no habría habido mejor cinta para estrenar en esta sala que esa otra película de la Williams, “Escuela de sirenas: Million dollar mermaid”.

Descripción iconográfica

El Cine Avenida propició ensoñaciones colectivas. Bajo la protección de su cósmica concha, puso los anhelos de muchos potosinos a navegar en un escenográfico trasatlántico por el árido océano del progreso y a merced de los vientos del incierto futuro; tan incierto como la misma empresa de la cinematografía. El significado de la concha en la cubierta de la sala no podía ser otro, si en lo religioso se relaciona a los peregrinos, así respondió al credo del director intelectual y del autor.

Estuvieron incluidos en el conjunto los apartamentos, como camarotes en la popa, y del área comercial con la fuente de sodas titulada La Farmacia, que debió llamarse La Perla, hizo el concierto de las proyecciones. Al termino de la función, el público podía disfrutar un ice cream, mientras comentaba la exhibición. Con la idea de los apartamentos como camarotes, las ventilas eran las escotillas y las escaleras, la caldera del buque. Se extrañaba la perla del mar en el conjunto; para recordar: las perlas esféricas eran las más estimadas por significar lo bello y la perfección. El que no hubiera alguna, haría suponer que su lugar fue ocupado por la misma Afrodita…

Estilo arquitectónico

La primera impresión estilística de la obra es el desnaturalizado art-déco en su etapa final, salvo que la geometría rectilínea del art-déco ha sido inundada por una marea alta que la arroja por una avenida de olas que remiten al biológico art nouveau; parece, pero la duda permanece. Para ese momento, el art nouveau está aún más finiquitado que el art-déco. La percepción final es la de un rítmico encuentro entre la curva y el ángulo recto, lo orgánico y lo inorgánico, lo femenino y lo masculino: Eros y Tanatos.

Si la definición del estilo no satisface, baste recordar que gran parte del proceso creativo de la arquitectura está sustentado sobre una amplia diversidad de datos empíricos e imprevistos: la intervención de los clientes o la disponibilidad de los materiales son algunas condiciones que ponen en tela de juicio cualquier intento para definir un estilo. Este es el caso.

Xavier Vilchis integró la obra plástica de Manaut y Simón en el vestíbulo, con dos esculturas en mármol negro y un mural mixto. Su afán creativo lo llevó al mobiliario y accesorios; en ellos, sobresalieron las consolas empotradas a los muros de espejos que multiplicaban los dorados hipocampos que las soportaban, transformándolas en espectrales mesas flotantes. Las figuras de los hipocampos se han asociado a las fuerzas cósmicas y la espuma del mar creciente. Para los mediterráneos, por lo que toca a Vilet, ha sido un amuleto de la buena suerte. La dulcería, al centro del vestíbulo, se transformaba en un arrecife que cobraría inusitada vida con toda la variedad de especies marinas; imaginemos de sirenas a tritones y de rémoras a tiburones en busca de alimento. El mobiliario del vestíbulo y las puertas a la sala de proyección, estuvieron revestidas de piel blanca con remaches de bronce; Había conchas al medio de los dinteles con un caballito de mar en cada extremo. Fueron realizadas por la casa Ras Martín.

Las alfardas de las escalinatas exteriores son las olas que abre la proa al paso, arrastrando algas. El siguiente ascenso, el que lleva al vestíbulo, es solucionado con un barandal de latón tubular que recordaría el de un buque. Los textiles en las paredes de la sala, las alfombras, cortinajes y tapices fueron producidos ex profeso por La España Industrial, propiedad de Vilet, Beascoa y los Busqueta. No habría mejor paleta de color que los azules marinos sobre el blanco. Vaya, ni los espacios para los extinguidores quedaron a salvo de su empeño.

Hablamos de escotillas. La escotilla no es más que un ojo de pescado para ejercer el voyeursime, socorrido solaz desde la Ilustración a la fecha; en este sentido, las escotillas que ventilan las toilettes, por su colocación en relación a la concha que cubre la sala, parecieran expresar el pagano deseo de atisbar el baño de Afrodita…

Es tal la profusión de vida marina encontrada en el cine Avenida que ameritaría un estudio de ictiología.

Conclusiones

La estadía de Vilchis Pliego se extendió de 1943 hasta su regreso a la ciudad de México al inicio de los cincuenta, un tiempo suficiente para dejar huella en San Luis Potosí. Es necesario difundir el sentido patrimonial de su obra para evitar su vana desaparición; de no conservarse, se evidenciaría la ignorancia más absoluta ante las creaciones más recientes. Es tiempo de recapacitar en el valor de este patrimonio, antes que desaparezca como ya ha sucedido con la placa que acreditaba la autoría, la fecha de inicio del cine Avenida, sobre la acera de Tomasa Estéves y el mobiliario original; el que, tal vez, esté arrumbado en algún rincón de sus propias entrañas.

Hay algo en todas las obras de la época que las iguala con la corriente neocolonial, que las liga con el sueño del cine de la época, las creaciones que no son con propiedad ni prácticas ni funcionales: son escenográficas. Parecieran emerger de alguna película de Lana Turner, justa la época en la que debido a la Segunda Guerra Mundial se veía a Latinoamérica como un exótico confín paradisíaco. Lamentablemente, las obras de Vilchis como el general de las casonas de Carranza al quedar en una buena posición de la trama urbana, han sido sujetas al apetito voraz del mercantilismo.

Habría que sopesar si tal sacrificio ha llenado sus ávidos bolsillos, o quizá, sólo haya resultado ser un mal negocio en un tiempo en que campea el automóvil; tiempo en que, hasta para comprar ropa en vísperas de la entrada a las escuelas, se han solicitado centros comerciales o lugares de producción.

El potosino adormecido no debiera caer en el lamento de estragos sufridos; debiera saber que, para soñar, todo es posible de lograr si alcanzamos la gracia de la práctica de conjurar esperanzas para un futuro con sentido. Un futuro que no podemos condicionar a quienes ya están o están por llegar, achacando los desmanes cometidos en contra del patrimonio a la indolencia en la que el medio o la falta de una recopilación histórica, ajena a mezquinos intereses, la identidad en franco proceso de desintegración frente a la avasallante globalización, entre otras razones, nos han hecho caer. Si jamás dejaremos de lamentar la pérdida del convento carmelitano, del conjunto conventual mercedario, del templo de Nuestra Señora de los Remedios, las obras cuyos predios usurpan las tiendas departamentales Sears, Del Sol, Woolworth, Famsa, La Elegancia; la desaparición de las casonas de Avenida Damián Carmona; la pérdida de las casas entre jardines de Carranza, como la de Eduardo Villalobos Mejía, la vendida por los hijos de Quintín Rodríguez, o la llamada “Chinches Bravas” que ocupara el desperfecto con afanes de Estilo Internacional de la Cámara de la Industria y de la Transformación, hoy, ocupado su predio por el horrendo restorán Casablanca; además de los 426,960 adoquines removidos por el Ayuntamiento (2009-12), no tendríamos máscara que inventar para enfrentar el justo reclamo de las generaciones por venir y hasta de los chinos interesados en nuestra cultura.

Y qué decir de la producción de Octaviano Cabrera Hernández. Si ha resultado más o menos airosa de los avatares del mercantilismo, corre el riesgo de sucumbir ante la falta de una más que necesaria, urgente restauración. Una restauración hecha no sólo por quien ostente un título, sino por quienes prueben sostener un diálogo con el espíritu que infunde cada obra al concierto de una sociedad en armonía con su entorno y circunstancia: un patronato responsable y representativo de los intereses de la ciudad, de la comunidad per se. La ciudad de San Luis Potosí antes de pertenecer a los mercachifles, anticuarios, coleccionistas, restauradores con papel en mano y cualquier otro que anteponga el signo de pesos y el espíritu del servilismo a los aspectos éticos, sociales, humanos y culturales debe ser, como lo debiera ser desde siempre, para los potosinos. Después de todo, ¿qué mágico secreto más público y notable podría albergar la ciudad siempre gris de París si ya no contara con la fetichista imagen de la Torre de Gustave Eiffel? ¿Quién se ocuparía en visitarla?

Habrá que argumentar el resguardo de las producciones de Xavier Vilchis Pliego, nos quedan dos, antes que el Cine Avenida termine por convertirse, en el mejor de los casos, en un fósil hundido en los mares de arena del altiplanero desierto potosino o en desgarrado hotel de paso por Carranza.

“El Cine Avenida es un Monumento Civil que pertenece a todos los potosinos…”
“Cada quien dentro de lo que le sea posible y le corresponda, deberá prestigiarlo y cuidarlo…”
(El Heraldo: no. 2017, 05.10.1947)
Mtra. Imelda Ortiz González

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